Chile, de SPA hasta Paso S Francisco

Desde SPA, por el norte de Chile y hasta Argentina


2015/11/08                  El día queríamos, rectifico, quería dedicarlo a conocer las Lagunas que hay en Bolivia.
Para ello salimos de San Pedro de Atacama, después de los trámites de policía y aduana para dejar Chile, y tomamos la carretera que nos lleva al Alto del Cajón. Siempre bajo la atenta mirada del volcán Licancabur, mi volcán favorito.
Los 10 primeros kilómetros nos elevan 200 metros, es decir hasta los 2.650. Los 30 siguientes, nos dejan a la altura de 4.620, y lo que es más impresionante, prácticamente en una continua recta para hacerlos.
En el Alto te desvías a la izquierda por una pista y en poco más de un par de kms, estás en la frontera de Bolivia.
Volcán Juriques


Primera sorpresa, al poco de entrar y dado que la zona la han bautizado como Parque Nacional, peaje. 150 bolivianos por persona. Como no llevamos su moneda y no admitiendo otra como pago, te envían  a un bar de enfrente donde te pueden cambiar dólares. Cambio abusivo pero lo tomas o te vuelves. Coste real por persona, 25$.

Visitamos la Laguna Blanca, la Verde la dejamos para la vuelta, y nos vamos a conocer la Colorada.
Segunda sorpresa; error de cálculo mío, no está a unos 20 kms sino a 90. Puestos en faena, mejor no enmendarla y bregar con la que toca, que no es otra que las famosas y horrendas pistas bolivianas.
Los paisajes compensan las incomodidades.
Detalle Laguna Blanca

Laguna Colorada
Después de la bonita visita a la laguna Colorada, subiendo la cuesta para salir de la misma (todas las lagunas están a unos 4.400 metros y sus puntos de salida entre 4.700 y 4.900), el polvo que levantábamos nos adelantaba y entraba a conciencia por las ventanas. Comentamos de cerrar y dar el aire. Noto, a unos 500 metros, que el indicador de temperatura está un pelo por encima del punto normal, y no llegamos al kilómetro lo noto dos pelos. Mosqueado, paro, abro el capó y el agua ya está hirviendo.


Bolivia zona de losLagos
Se ha vuelto a ‘punar’. Es claro, en cuanto el viento sopla, y como sopla por estas tierras, por detrás del coche y estás a 4.900 metros, el radiador no huele una molécula de brisa.
Dejar que se enfríe, rellenar de agua, salir despacito y cogiendo unas roderas en oblicuo para dejar que el aire le diera de refilón. Sin problemas.

Terminamos nuestra visita con la laguna Verde, cuyo color no era tan espectacular como en la mañana, debido a la posición del sol.

Vuelta a San Pedro, paso por la Aduana, con los controles que ya conocemos, recogida de la ropa que ayer dejamos a lavar, y al hotel. Cansados de un día tan duro como bello.

Por cierto, ¿os acordáis de una foto tomada en Cusco y que titulé ‘Hasta aquí llegan los franceses’, en la cual se veía un Defender blanco con la ‘casa’ puesta a su chepa?, pues al ir a recoger la ropa coincidimos con ellos. Es un matrimonio parisino, con tres niños, que enviaron el coche a Montevideo y han hecho un recorrido muy parecido al nuestro.
Desde SPA saltaban a Argentina para volver a Montevideo.
Tengo que reconocer que el pueblo me ha ido atrapando; tiene un olor especialmente bueno, y si te dejas perder por el colorido variopinto, te lleva.

Por la noche nos fuimos andando a cenar al pueblo (nuestro hotel está a un par de kms), para a la vuelta contemplar tranquilamente un majestuoso cielo de estrellas.


2015/11/09      En el desayuno, el dueño del hotel nos ha comentado si hemos sentido el temblor a eso de la una de la madrugada. Le contestamos que no y él, feliz, nos comenta que eso es señal de que hemos dormido bien. Efectivamente, así es.

Nos dice que este no ha sido muy fuerte, que el de junio, cuyo epicentro estuvo en los Géiseres de Tatio, de escala 6,3 sí que se sintió con ganas.
En la zona cuando el terremoto es grande se tiene la sensación de estar en un barco, pues en el suelo hay enormes bolsas de agua y la planicie del valle es movida entre la cordillera de los volcanes, a su izquierda, y la cordillera salina, a su derecha, mirando al sur.
Luego nos enteramos que esta vez el epicentro estuvo en Antofagasta y fue de escala 5, con olas en costa de tres metros.

También le preguntamos el motivo del por qué la inmensa parte de los todoterrenos de Chile son de color rojo. La respuesta es sencilla, por seguridad; la mayoría están al servicio de las minas y es el color que mejor se ve, sobre todo en invierno con la nieve.

Salimos del hotel a visitar el Valle de la Luna. Es una cordillera que está al noroeste de SPA, con recovecos pintorescos y vistas del salar. Lo más curioso son sus cristales de sal y de cuarzo. Este terreno, junto a la cordillera salina, ya comentada, son las principales fuentes que alimentan el salar.
SPA Iglesia
Después de dos días y medio, nos vamos de SPA con la sensación de poder estar otros tantos días viendo sitios, pero la visita comprometida a la mina de Calama nos espera.
El día que llegamos, SPA no me acabó de atrapar, hoy al irme, me cuesta.

Llegamos a Calama, comemos en el Mall Plaza, nombre evocador de los madriles, lavamos el coche (nunca ha llegado a tener tanto polvo) y nos volvemos a ir a la Toyota. Ello nos pidieron que cuando volviéramos a Calama, les visitáramos para comprobar que todo estaba bien y el nivel del aceite de la caja de cambios también.
Nos confirman que todo correcto. No nos han querido cobrar nada. Ni la vez anterior ni esta. Como me han dicho “servicio Toyota”.



Comentarios curiosos:

-          Por la mañana, a 4º C. y 4.600 metros de altura, el sol te da a través del cristal del coche. La ropa te la caliente y no lo puedes aguantar; tienes que protegerte.
-          La altura (+ de 4.000 metros) quita el apetito. Le he dicho a Adela que en casa tenemos que poner una cámara que simule esta altura y darme una ración de unos diez minutos diarios.
-          La altura produce insomnio.  No cuando te vas a dormir, que te duermes sin problemas, sino cuando llevas durmiendo 3 o 4 horas y tienes la mala fortuna de despertarte. Volver a conciliar el sueño es muy difícil. Nunca he tomado relajantes, pero en estos momentos es una solución muy eficaz.
-          El otro día, cuando he comentado que saliendo de la laguna Colorada, el coche se ‘puno’, pues nosotros también notamos sensaciones raras de la falta de oxígeno. Probamos por primera vez el oxígeno comprimido que llevamos (comprado en farmacia). Funciona, aunque no sé si a la larga es tan eficaz como las hojas de coca masticadas.

2015/11/10                  Mañana tranquila; hasta la una no tenemos que estar en la oficina de la Chumicamata (la mina que habíamos elegido visitar).
Después de confirmar las autorizaciones para la visita, nos entregan casco, chaleco y máscara antipartículas.
En el autobús nos dan instrucciones y primeros datos.
Ambiente en boca de mina
Los camiones especiales que suben y bajan por la mina, son montados en un hangar exterior y cercano a la misma, pues hasta ella llegan en piezas. El montar cada camión cuesta un millón de dólares.
El bus nos acerca a boca mina y nos hacen esperar la autorización de entrar en la mina.
Se demora y a al final no se permite la visita. Vientos de 60 km/h lo impiden por seguridad.
Nosotros elegimos la visita a un tema industrial y minero, frente a un día de ruta por la naturaleza y es ella misma la que nos impide la visita. Hoy por hoy, la naturaleza sigue marcando nuestra vida.
Camiones sando mineral de la mina
Al final, la visita se redujo a una explicación sobre el conjunto de minas que hay en la región de Calama. Chumicamata es la más conocida por llevar 100 años funcionando, pero está la mina Ministro Hales, que con pocos años en explotación, ya tiene una extracción a cielo abierto de 800 metros de largo, por 400 metros de ancho y otros 400 de profundidad.
La Chumicamata, con una profundidad de 1.200 metros, está dejando de ser rentable su extracción. La dificultad de trabajar a esa profundidad y el trabajo de los camiones subiendo la roca, lo ocasionan. Para el año 2019, se trabajará en ella como una mina subterránea, pues se calcula que hay mineral para otros 40 años de explotación.

La formación de todas estas vetas se realizó hace unos 35 millones de años.
En superficie (menos de 400 metros) están las rocas que contienen óxidos de cobre y a más profundidad las de sulfuros.
Luego nos informaron sobre los dos modos de separar el cobre de esas rocas y como es su depuración final.
No está mal, pero el plato fuerte era ver la mina y el movimiento de trabajo que existe en ella.

Por último, nos enseñaron un poco la ciudad que hasta hace unos años es donde vivían los mineros y sus familias; en total unas 25.000 personas. En el año 2008, la empresa estatal Codelco, propietaria de la mina, por motivos de salud decidió cerrar la ciudad y ayudó a las familias, con un 70% del coste, a comprar casa en Calama.
Hoy hay 13.000 trabajadores en la mina.
Calama vive por y para la minería, bueno diría que toda la zona de la provincia de Antofagasta.

Como curiosidad, los precios, sobre todo de hoteles, bajan en el fin de semana casi un 50%.
Cuando estuvieron dándonos la charla, en el edificio que fue la librería en la antigua ciudad minera, sentimos crujir el techo durante unos dos segundos y todos pensamos en el fuerte viento; luego el guía nos informó que fue un terremoto de 5,3 situado hacia San pedro de Atacama.

Terminada la instrucción, nos fuimos a Antofagasta.
Monstruos en el camino
Recordada la cena, por su calidad, de un lenguado, así sin más, y de un ‘chupe’ de marisco.


2015/11/11                 La mañana la quisimos dedicar a conocer la ciudad. Su parte antigua, su muelle histórico, su pequeño puerto pesquero, y el centro comercial.
Sobre el centro y sus casas de influencia inglesa, comentarios como los que hicimos en Iquique, aunque este no está tan degradado.
Antofagasta
Es la mayor ciudad de las visitadas hasta ahora. Repite muchas características de Iquique y Arica.  Ciudad alargada y estrecha; entre el mar y una montaña; perdiendo el sentido de un pasado y volcándose en una modernidad de clase media alta, pero por desgracia sin poder evitar bolsas de pobreza.

Puerto histórico
De interés, es el muelle histórico, con una restauración muy lograda. Mención especial, sus grúas a vapor con su propio calderín.
Por aquí salió el famoso salitre, el cobre y otros minerales.
Hoy día toda la exportación de minerales se realiza por Mejillones, un poblado al norte de Antofagasta donde se construyó, especialmente, un puerto para este fin.

Habíamos decidido que después de la visita, nos iríamos a un camping que está a unos once kilómetros al sur de la ciudad. Del camping quedan sus instalaciones polvorientas y semicaidas.
Ayer se nos negó la visita a la mina y hoy una tarde de mar, así que con buena cara, decidimos sentirnos ricos por un día y nos instalamos en un hotel de categoría, fuera de nuestro presupuesto, que vimos a las afueras de la ciudad, cuando íbamos hacia el camping, y cuyas habitaciones son con vistas al mar.
Antofagasta desde el hotel
Al final pudimos en la tarde pasear por el mar y recoger conchas.
Adela decía que una para cada nieto, con lo cual he descubierto que tengo cerca de una docena.


2015/11/12                 Salimos de Antofagasta hacia el parque nacional Pan de Azúcar.
Mano del Desierto
A unos 70 kilómetros, encontramos La Mano del Desierto. Escultura de 11 metros de alta que un día se le ocurrió a Mario Irarrazabal. Hay dos interpretaciones de su significado.
Una, es el viajero despidiéndose de la ciudad y otra que es un homenaje a las víctimas de la represión chilena durante los años 73 al 90.
Es continuamente objeto de los grafiteros, con lo cual tiene un complejo mantenimiento.

Intentamos entrar al PN Pan de Azucar por su puerta este, pero habían cortado el camino de acceso. Tuvimos que llegarnos hasta el pueblo de Chañaral y entrar por la puerta sur.
Nos instalamos en el camping y fuimos a la oficina del Parque.

Un guarda nos explicó que, ahora, solo hay esa entrada porque en el otoño (nuestra primavera), tuvieron riadas que se llevaron todos los caminos del Parque. Nos cuenta que toda la costa desde Tocopilla hasta Caldera, pero principalmente Chañaral, se vio desbordada por fuertes riadas de las lluvias que cayeron en los Andes (una media de 150 kms tierra a dentro).

Pan de Azucar
 El motivo, preocupante para él, es el aumento de 4º en la temperatura de la cordillera y cuando la lluvia debería haber caído en forma de nieve, lo hizo en forma líquida. Eso provocó un aluvión de agua por las torrenteras de la costa y para las zonas habitadas, tuvo graves consecuencias en bienes materiales (casas, coches, carreteras) y, lo que es peor, en vidas humanas.
Incluso los caminos peatonales del parque han quedado muy reducidos.

Luego siguió con la fauna y flora del Parque; al irnos nos preguntó si nos habían comentado qué hacer en caso de terremoto importante. Le dijimos que no.
Su comentario.
-“Si sienten un temblor ligero, como que se marea un poco, pues no hay que preocuparse, pero si el temblor es grande, le impide andar o le tira al suelo, tranquilidad, mucha tranquilidad, pero, o bien andando, o mejor tomando el carro despacio, suban hacia aquel punto (señala una colina). Si el terremoto tiene su epicentro en las montañas, pues falsa alarma y mejor; pero si está localizado en la costa o en el mar, tenemos entre 10 a 15 minutos para irnos a un punto de altura, mínimo unos 100 metros, para no tener problemas con el maremoto”.

Luego nos contó qué hacer si nos ocurre estando en un edificio y no podemos salir.
Para terminar nos enseñó un folleto donde se previene del contacto de un tipo de medusa, que ahora es nueva en la zona, pero muy agresiva. Con el calentamiento se han desplazado desde Ecuador.

Con agradecimiento por una intensa información que vela por nuestra seguridad, estuvimos a punto de salir del Parque y buscar un sitio menos peligroso.
Como la edad le hace a uno un poco escéptico, decidimos quedarnos y darnos dos buenos paseos por la playa.

Oscureciendo se levantó un fuerte viento que nos llevó a recogernos en la tienda y tener una amplia lectura.


2015/11/13                 El día amaneció muy nublado, con el viento más calmado y temperatura aceptable.
Recogimos y fuimos a visitar la caleta de pescadores un poco más al norte. Enseguida encontramos el camino cortado y vimos el destrozo de las lluvias.
Nos dirigimos al pueblo de Chañaral, para, por la costa, llegarnos a Bahía Inglesa.
Destrozos en Chañaral

Al pasar por el pueblo entendimos mejor lo que nos contó el guarda del Parque.
Coches totalmente retorcidos, casi prensados por una máquina; casas sin ventanas ni puertas, con los tabiques al aire, sobre todo en la hilera más cercana a la carretera; no quisimos imaginar las suerte de las personas pilladas por  la riada.
En la carretera tuvimos muchos desvíos pues la están reconstruyendo en sus partes más bajas.

Un poco impresionados llegamos a Caldera, el pueblo anterior a Bahía Inglesa.

El nombre de esta última es fácil de adivinar por donde le proviene. Es una gran bahía con una montaña a su entrada, que la hacía ideal para refugiarse y esconderse, en ella, de los barcos españoles.
Es bonita; con pequeñas playas de arena muy blanca en su entrada norte. El resto de la bahía, su gran parte, es una inmensa playa prácticamente deshabitada.
Se nota un auge constructivo como punto de veraneo futuro.
Bahía Inglesa

El espectáculo nos fue ofrecido por los pelícanos. Su caídas en picado para pescar; su mantenimiento de la cabeza debajo del agua durante unos 15 segundos, cuando lo habían conseguido; gaviotas y otros pájaros picándoles para intentar que perdieran la pesca, nos hicieron quedarnos embobados un buen tiempo.

Al final, dudando de quedarnos a dormir en esta bahía o llegar a Copiapó, decidimos lo segundo.
Para ir a Copiapó, no lo hicimos por la carretera; tomamos una pista que conduce a muchas minas y que nos haría pasar por un punto que es el final de una de las etapas más características del Dakar en Sudamérica, la que termina después de un día de inmensas dunas, entre Caldera y Copiapó.

Viendo las dunas (tintadas de color pardo, pues las flores rosas o bermejas, que han tenido este año, por las lluvias, han desaparecido y queda la planta en su última etapa de vida), babeaba por no poder hacer pista arenera, pero en mi cabeza está grabado no hacer arena si no vas acompañado, al menos, por otro coche.
Así que con la ración de vista como único alimento, llegamos a Copiapó.

Llegamos con la duda de si el paso a Argentina lo hacemos desde aquí, por el Paso San Francisco, o bajamos un poco más hasta La Serena y saltamos por el Paso de Aguas Negras. La ventaja de este último es que la parte chilena es más corta. El de San Francisco son 290 kms de pista rota, practicable solo para vehículos 4x4.
Nos han dicho que es cansado.
Preguntamos y la respuesta nos ha sacado de dudas. Antes de ayer ha llovido fuerte y con nieve en los pasos más al sur que el de San Francisco, por lo cual existe el riesgo de hielo y que corten las carreteras. Luego confirmado en internet.

Mañana, temprano, nos iremos en busca del mítico Paso de San Francisco, tan duro de hacer como bello, según comentarios conocidos de practicantes del mismo. Otros echan pestes y juran que no volverán a hacerlo.
Espero que nosotros mañana tengamos una opinión más favorable.

Son nuestras últimas horas en Chile. Al menos en el Chile Norte, desde la frontera con Perú hasta Copiapó. Conociendo sus playas, ciudades y cordillera.
La conclusión es que es un INMENSO desierto, con sus oasis incluidos, y todo también es una inmensa MINA. El cruce de estos oasis, se dan cita en San Pedro de Atacama. El punto de mayor interés sin ninguna duda.


2015/11/14                 Salida de Copiapó con el gusanillo de hacer el Paso de San Francisco.
¿Qué cómo calificaría el referido paso después de hecho?. Pues como las ‘3B’.
Bonito, bonito y bonito.

A pocos kilómetros de salir, dirección a la ciudad de Diego Almagro, tomamos pista a la derecha, rumbo este.
Inicio hacia Paso S. Francisco
Hasta la altura de 2.500 metros, el 85% de la pista está reconstruida o reconstruyéndola.
Los síntomas de torrenteras rompiéndola son claros y lógicos. La pista discurre por un valle donde la parte, digamos suelo, puede variar entre 200 metros y un kilómetro de ancho, pero siempre es totalmente plana hasta el contacto con las montañas que la cierran a cada lado. Eso hace a la pista muy vulnerable.

A partir de la altura referida, la pista está conservada en su caso totalidad. No es mala de transitar.
Llegamos a la frontera, mejor dicho al puesto de policía y aduanas, para formalizar la salida de Chile. El puesto argentino está a más de 120 kilómetros.
Es la mayor distancia entre fronteras que he conocido. La menor, al estar en el mismo edificio, se la otorgamos al paso de  Fray Bentos , frontera entre Uruguay y Argentina.

Poco antes del paso fronterizo chileno

La buena noticia que encontramos fue que los siguientes 60 kilómetros estaban asfaltados. Dicho de otra manera, solo nos quedaban otros 50 para cumbrear el paso. Los más duros, pero también los más espectaculares.

Para espectacular, la visión de un ciclista sobre los 4.000 metros, enfundado en un cortavientos azul, ajustado al aro de la cara y con una concentración como yo pocas veces he visto. Moreno, por no decir quemado, enjuto, y de unos cincuenta y pico años.
Cualquiera le paraba para saludarle y preguntar por él y su aventura. Mi apuesta, alta, es que era francés.

Hacia el Paso
Laguna Verde
Ojos del Salado, Inkahuasi, y el propio San Francisco, son tres picos que no te cansas de admirar. Lo mismo que la laguna Verde. Mejor que contarlo yo mismo, que lo hagan las fotos.

Lo que no cuentan las fotos es la subida de la laguna hacia el Paso. De 4.400 a 4.750 metros.
Al poco de empezar a subir, nuestro polvo, el que produce el coche, nos vuelve a adelantar y entrar a raudales por las ventanillas. Cierre de las mismas y sentidos alerta.
El coche en cuarta, a 2.000 rpm; prefiero bajar a tercera y mantener las revoluciones.
Va haciendo calor, demasiado calor.
La temperatura del motor va bien, pero el sensor de la temperatura exterior marca 44º C, cuando no debería pasar de los 12ºC. reales que hace fuera.

Este es el problema. Cuando sopla el viento muy fuerte por la parte trasera del coche, el vano motor no traspira y el propio calor del motor lo calienta. Cuando aquel tenga una temperatura muy alta, el propio motor sufrirá las consecuencias y llegará el ‘apunarse’.

Alarmados, bajé la marcha a segunda y sin pasar de 1.200 rpm, subimos muy despacio.
La temperatura del motor seguía bien y la medición de la exterior empieza a bajar. Llega a 38º C.
Cuando tomamos una dirección un poco oblicua al viento, sigue bajando hasta los 28º. Volvemos a situar al viento a nuestra espalda y vuelve a subir.
Al coche lo llevo despacio, sin que entre el turbo, consiguiendo equilibrar la temperatura del vano motor y no calentando la del motor.

Llegamos a la cumbre. Respiramos. Tenemos la sensación de ser expertos en evitar el ‘apunamiento’ del coche.

Entrar en Argentina y comprobar que el paisaje tiene más flora y fauna al chileno, que sus montañas son de colores, que no se ven minas en sus grandes espacios abiertos, fue todo uno.
Si fuera argentino, estaría orgulloso del altiplano que tienen.

Después de diez horas, llegamos a Fiambalá, en concreto a sus termas, donde nos dormimos arrobados por un día tan bello como duro.




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