Perú, de Cusco a Lima



Desde Cusco hasta Lima

2015/10/23                 Muy cerca de Pisac se encuentra el Centro Arqueológico del mismo nombre. Se llega después de una bonita subida.

Valle en Pisac
Terrazas en Pisac
  Su visita, de casi tres horas de duración, no desmerece el esfuerzo que se necesita hacer.
Tiene todos los elementos característicos de un centro de este tipo: santuario, templos, viviendas militares, fuente, terrazas de cultivo y en este caso, unas 1.000 tumbas, saqueadas antes de que se dieran cuenta, ahora solo se pueden ver desde lejos.
A todo lo anterior, unas vistas de privilegio.

A la hora de la comida llegamos a Ollantaytambo, nuestro lugar de pernocta.
Ollantaytambo

Graneros en la pared de la montaña

Por la tarde visitamos su zona arqueológica. Después de la de Pisac, queda un poco deslucida.
El visitar dos Centros Arqueológicos de estos tipos en el mismo día, da para resentimiento de las piernas.




El recepcionista del hotel nos invitó esta noche al espectáculo de la ‘Segunda Noche Cultural de Ollantaytambo’. Está organizada y realizadas sus actuaciones por jóvenes de la zona. 
De verdad que la actuación de baile regional que vimos nos gustó.
Previamente tuvimos que asistir, en pie, a la representación de los himnos de Perú y Cusco.
Desgraciadamente nos tuvimos que ir a cenar, pues mañana nos levantamos a las cinco y media para ir a MachuPichu.


2015/10/24                                                  Contar las impresiones de la visita a MacuPichu no tiene mucho sentido, pues es lugar muy conocido por todos los medios imaginables.
Solo un comentario. La zona de MachuPichu, amplia, tiene vegetación selvática. Ni en la mejor imaginación lo pensábamos.


Machu Pichu
Machu Pichu


Si decir algo sobre las posibilidades de acercamiento al pueblo de Aguas Calientes, desde donde se sube al centro arqueológico:
- El ‘luxury’, también de coste, es llegar en el tren de Perú Rail.

- Más aceptable, y manteniendo el llegar en tren, es usar el Inca Rail.

 -En coche, llegando al pueblo de Santa Teresa (hay aparcamiento y hospedaje), y que alguien te acerque hasta la hidroeléctrica; luego tienes algo más de una hora andando hasta Aguas Calientes (por llano).

Una vez en Aguas Calientes, le están queriendo cambiar el nombre por ‘MachuPichu Pueblo’, tienes la opción de subir andando o tomar el bus. 
Para jóvenes o persona en forma se puede intentar la subida andando, pero para el resto mejor tomar el caro bus.
De todas formas los que tengan problemas de corazón lo tienen jodido. Si subes andando malo, pero si tomas el bus, vas a sufrir un recorrido de vértigo por la velocidad a la que te van a subir por una pista escarpada, donde se cruzan los autobuses y donde cada curva es un intento de salirse del camino.
La bajada es igual de frenética.

Coste por persona:
Perú Rail desde Ollantaytambo, 160 $ ida/vuelta.
Bus, 24$ ida/vuelta.
Visita a MachuPichu, 40$.
Más los gastos de acercamiento y hospedaje.

Sobre los ‘treking’ que llevan a MachuPichu, ni como opción ni como coste, tengo información.
Machu Pichu Puente del Inca
Lo pagado, cuando llegas, se te olvida; y si te alejas del sitio de las construcciones y subes a las montañas del alrededor o vas al Puente del Inca, disfrútalo.


2015/10/ 25 y 26                               Reunimos estos dos días en una crónica por motivos fáciles de entender.
Salimos el día 25 por el Valle Sagrado, camino de Abancay, nuestro destino pernocta.

Al poco tiempo, en el pueblo de Urubamba, dejamos el valle y tomamos una carretera a derecha que nos llevará a las Salinas de Maras.
Salinas de Maras
Detalle
Su visita nos recordó a nuestro amigo Pedro (Vitoria), pues él nos llevó una vez a conocer una con el mismo sistema de producción de sal, cerca de su ciudad.
El agua salina que mana de una montaña es canalizada y distribuida en pequeños estanques, para una vez evaporada el agua, quede la sal.


Continuamos viaje y al estar cortada la salida en el pueblo de Maras, buscamos una alternativa por una pista que nos devolvería a la carretera unos veinte kilómetros después. A mitad camino, nos encontramos en medio de unas tierras de labranza, una iglesia que no correspondía estar allí.
Cruceiros de la extraña Iglesia
Una casa cercana tenía la llave, así que solicitamos verla, pero no quisieron abrirla. Teníamos que esperar a misa de 12.
El hombre con el que hablamos para poder ver la iglesia, estaba incómodo; no éramos bienvenidos. Incluso cuando le tendí la mano para el saludo, me ofreció la muñeca y con desgana.
Nosotros tampoco estábamos cómodos, así que decidimos irnos. Estamos convencidos que la iglesia se ha quedado para cultos más indígenas que católicos.

Aquí empieza una ruta inesperada. Creíamos que desde las alturas de Cusco, sería bajar hacia la costa. Falsa apreciación del desconocimiento.
Iniciamos un tobogán de sube, a más de 4.000 metros, y baja a unos 1.800. Y repite, y repite.
En una zona de pico te hacía 9 º de temperatura y en la zona de valle, llegamos a 32º.
Uno de los Valles

Otro Valle
Este sube y baja no es lineal, sino que el diseño de la carretera se pliega totalmente a la orografía. Es decir curvas y curvas para ganar altura o perderla.


Es un buen firme de suelo y anchura, pero no superas una media de 40 kms/h.
A lo largo del camino, ramales a derecha e izquierda, suben a las montañas circundantes, en un serpenteo de vértigo según la visión del mapa.

Me acordé de la conversación con un chamán cuando visitábamos el centro arqueológico de Pisac.
Me dijo que los domingos bajaban de las alturas de las montañas los campesinos, para hacer trueque en el pueblo con sus productos; de paso oían misa en quechua en la iglesia del pueblo.
Es decir, hay un Perú cercano a la carretera y otro por las alturas.
Poco antes de Abancay paramos en la zona arqueológica de Saywhite.

Llegamos a Abancay, ciudad un poco caótica en su urbanismo y desequilibrada en su altura, pues por el punto de entrada está a 2.750 metros y por el de salida a 2.300.
Estuvimos lo justo para dormir y seguir viaje al día siguiente.

Salimos con la idea de llegar a Ica.
Inocentes; confiamos en que el sube/baja del día anterior, se había terminado.
Los Andes discurren con sus altas sierras en paralelo a la costa y desde Cusco a Nasca, unos 650 kms, las tienen de todos los colores.
Los dos días por estos recorridos, nos afianzaron de que el mayor riesgo de seguridad lo tienes con los camiones. Sus diseños les han conferido un tamaño que desborda las anchuras de las carreteras y para poder ganar tiempo al tiempo, en las curvas invaden el carril contrario, confiados en la estadística del poco tráfico, pero cuando hay, como nos pasó a nosotros, te puedes ver en el arcén fácilmente, y suerte con su existencia.

Después de 10 horas llegamos a Nasca. El final del camino es una bajada desde los 3.500 metros a los 500 donde está la ciudad; la última parte la hicimos de noche, pues nos pararon más de una hora por obras.
Anocheciendo antes de Nasca
Búsqueda precipitada de hotel, aceptación sin exigencias y solo deseo de una habitación donde relajarte.
En la cena, mi cabeza solo veía curvas, que se entrelazaban unas con otras.

En el camino, dos encuentros inesperados y gratos.
En el primero, divisamos una ‘California 4x4’ de matrícula española delante nuestra.
Era zona de subida e imposible parar; la adelantamos con el saludo de rigor sobre la marcha.
Paramos en el siguiente pueblo y mientras comprábamos pan y fruta, llegaron.
Saludos más normales. Nos contaron que llevaban siete meses de viaje por Sudamérica. Empezaron en el sur de Argentina y van subiendo hasta Colombia, donde quieren llegar al hacer un año de su periplo.
A la pareja se la ve expertos viajeros.

El siguiente encuentro nos dejó más perplejos. Ayer les vimos y ya nos llamó la atención su Renault 12 de primera época y una minicaravana que arrastraba.
En ella está escrito que su aventura es llegar a Alaska. Son argentinos.
Hoy les vemos parados en la carretera y con el capó levantado. Pensamos que necesitan ayuda y paramos.
El R12 de los argentinos

Al acercarnos, el marido se levanta de la sombra que hay al lado del coche y nos contesta que no les pasa nada, que solo era la hora de comer de las gemelas.
En efecto, la madre, dentro del coche, está dando de mamar a dos niñas, una por teta, al tiempo.
El marido nos cuenta:
-“Hace 17 meses empezaron el viaje y que las niñas, que tienen casi 12 meses, nacieron durante el mismo. Es decir son viajeras durante toda su vida. Dormimos en la caravana, eso sí, con calefacción. La hicimos mi mujer y yo.Nuestro objetivo es llegar a Alaska y, si posible, dar la vuelta al mundo”.
Nos contó más cosas sobre su viaje, el coche, su mala experiencia en Bolivia, sus ideas de futuro, etc. No lo trascribo por no cansar.
Mientras tanto la madre terminó su lactancia y salió del coche, dando una niña al padre y quedándose la otra en sus brazos. Las niñas sonreían, la madre también. Es decir una familia feliz.
Nos despedimos con sinceros deseos de buenaventura.
En el coche, una vez en marcha, nuestros comentarios eran reflejo del choque anímico que acabábamos de recibir.


2015/10/28                                                    Después de los dos días de paliza carretera, nos disponemos a llegar a Lima. Enseguida vemos que la ruta es más ‘normal’; con rectas y todo.
Al poco de salir pasamos las Líneas de Nasca. El terreno nos recuerda enormemente a las famosas ‘hamadas’ marroquíes. La piedra un poco más grande.
Han puesto puntos elevados para ver las famosas figuras. Alguno cogeremos a la vuelta.

Cercanos a Ica y Paracas, llegamos a la zona de dunas y tierra arenosa. Nuestra sorpresa es que hay plantaciones de grandes extensiones. Con cercas que impiden la visión al interior y torretas, tipo cuartel, para vigilar la propiedad. Principalmente son vides.
Cada cierto tiempo leemos carteles oficiales que dicen “Denuncia los pozos ilegales”, o “Evitemos la sobreexplotación acuífera”. No puedo dejar de preguntarme que los anteriores eslóganes están destinados al pequeño labrador que quiera tener su pozo, pero me cuesta creer que les preocupe un mucho a las grandes explotaciones agrícolas; quien va a entrar a controlar si tienen uno o diez pozos ilegales.

Llegamos a Chincha y se inicia la autopista a Lima.
Al par de kilómetros de entrar, control de policía y señales de que pare.

-“Buenos días, carné de conducir, vale; seguro del coche, vale; autorización por los cristales ahumados (tintados)”
Le entrego el certificado de instalación de España.
-“Esto no vale. Necesito el permiso que ha tenido que sacar en una comisaría”.
- “Nadie nos ha dicho al entrar por la frontera que fuera necesario un permiso por llevar los cristales tintados”.
-“Pues deberían. Así que tengo que levantar una denuncia por 3.850 soles (son unos 1.000€), que debe pagar en Lima. Le retengo el carné de conducir y cuando pague se le enviará a la Embajada”

Ojos como platos entre el desconcierto y la indignación.
Le comento que del carné no me desprendo y que si se lo queda yo me voy con él.
Se acerca el responsable del grupo de policía y le explica la situación. Después de oírla comenta:
-“Hombre no vamos a amargar a este hombre la estancia en Perú; mira a ver cómo se puede solucionar la situación”. Haciendo de padre paternal, se retira de escena.

A estas alturas soy consciente de que voy a ser carne de mordida.
El primer guardia me comenta con voz de dificultades:
-“Bueno, no es fácil pues la denuncia ya está redactada y lleva un nº oficial. Pero mi Jefe dice que le facilitemos la situación. En este caso si Ud. paga un 10%,  rompemos la denuncia y facilitamos que siga su camino. Son 385 soles (100€)”.

Mascullando y cabreado por ser testigo de que no hay nada más corrupto, que el corrupto cuando viste un uniforme y se ampara en la fuerza del Estado, saco 400 soles y se los doy en mano.
Se me pone nervioso, se le caen al suelo los billetes, acaba rompiendo la hoja de la denuncia y me dice “vaya se, vaya se”.
Le veo tan excitado que no me quedo a las vueltas de los 15 soles.
Luego me han explicado que al entregarme la denuncia, yo tenía que haberle puesto lo billetes, tapándolos con la misma y devolvérselos. Nada a la vista del público.

Seguimos con mal sabor de boca por la experiencia.
A unos veinte kilómetros, otro control de policía. Un agente nos hace señas de parar en el arcén.

-“Buenos días” nos dice.
-“Para mí no tan buenos. Nos acaba de soplar un compañero suyo al inicio de la autopista, 400 soles por no llevar una autorización para los cristales tintados”.
-“Perdone, ¿cómo dice?”.

Le explico con más detalle todo el tema. Se indigna. Me dice que eso no puede ser. Que en Perú el turista es sagrado. Que han sido sus compañeros de Chincha y que ellos son de Cañete. Que lo tengo que denunciar al Jefe de ambos en Lima. Me dice dónde hacerlo.
Nos despedimos y le dejo bastante cabreado.

Pasamos el pueblo de Cañete y a los pocos kilómetros paramos en un restaurante de carretera a comer. Estamos a mitad de la sopa y desde la puerta el agente de Cañete me hace señas. Salgo a ver qué quiere.
-“Disculpe, ha sido un mal entendido. Mis compañeros han decidido devolverle sus 400 soles”.
-“No creo, pienso que el dinero es suyo y no lo puedo aceptar”.
-“No queremos que se lleve una mala imagen del Perú y por eso aquí está su dinero”. Cogiendo mi mano, lo pone en ella.
Pienso que no es cuestión de seguir alargando el tema y agradeciéndole el gesto, le tomo el dinero.
Un abrazo y nos volvemos a despedir.

Increíble, pero cierto y lo cuento de la forma más fidedigna posible.

Terminamos de comer y seguimos hacia Lima.
Aparecen las primeras urbanizaciones de playa; bueno, los primeros carteles que las anuncian. En muchas hay más cartel que casas. Como en nuestra costa del levante en los años sesenta, cuando empezaba el ‘boom’ del apartamento o chalet en la playa.
Eso sí, flamante urbanización a la izquierda de nuestra marcha, junto a la playa, y escombros y basuras a nuestra derecha.

Llegamos a Lima. Enorme. Hay un tercer Perú y está en Lima.
Circulación caótica. No hay normas en la práctica. Es cuestión de coger la posición y así se tiene la preferencia. Mil pitidos. Mucho nervio o nerviosismo, como se quiera.
En los semáforos, hay personas que venden una bebida del tipo ‘Red Bull’, que acaba de salir y que cuesta 2 soles (unos 0,60€).
Cuando veo a los conductores comprarla, pienso si serán de los pocos calmados que hay conduciendo.

Diez millones de habitantes, en muchos y diferentes barrios (aquí se llaman distritos). Hay grandes diferencias de servicios, habitabilidad, modernidad, seguridad.
Nosotros hemos llegado a la casa de Daniel, hijo de nuestra amiga Paloma, el cual está trabajando en Lima. Estamos en el barrio de Miraflores; hay es ná, que diría un castizo en Lima.

Lima Iglesia de S. Francisco
A media tarde nos recoge Fernando; es un taxista que hace servicios a la empresa donde trabaja Dani, y nos lleva al taller de su confianza. Nos dice
-“Mis coches, desde hace 35 años, solo los toca un mecánico y es Pablo”.

Llevamos al Toy y le contamos toda la historia de la Toyota de Cusco, pues el coche sigue soltando gasoil. Le decimos que hemos observado que lo hace cuando estamos a más de 3.800 metros y lo deja de hacer cuando bajamos.
También le comentamos que nos habían dicho de cambiar los rodamientos de rueda y que nuestro mecánico de Madrid nos dijo que eso se ajustaba sin necesidad de cambiar.

Allí lo dejamos y nos fuimos a cenar con Dani a la Panchita. Restaurante de cocina tan valorada como su decoración. Cenamos con gula, pues no es racional toda la comida que ingerimos. Después a dormir, cansados por los tres días que habían pasado desde Ollantaytambo hasta Lima.



2015/10/28      Por la mañana nos acercamos a la comisaría de Miraflores para aclarar el tema de los cristales tintados. Les contamos la historia, bueno la parte de la ‘mordida’ y su devolución no entró, pues creo que pensarían que les estábamos tomando el pelo.
La policía (singular y mujer), fue a consultar el caso y a la vuelta nos dijo:
-“¿Su carro es extranjero y su permiso de conducir también?”
-“Efectivamente”.
-“¿Se van a quedar unos tres meses en Perú?.
-“Pues no. Estaremos unos días más”
-“Pues no van a darle el permiso. Lo mejor es que hagan como si no lo supieran y salgan del país sin más”
Curiosa respuesta. Abandonados a nuestra suerte de no encontrar a ningún ‘poli verde’ (como aquí les llaman; tradúzcase por ‘poli duro o cabrón’).

Discutir con la autoridad no es fácil y pedir un salvoconducto para este tema, es como encontrar una embajada que te ayuda en tu problema.


Volvemos a contactar con Fernando y nos hace de chofer exclusivo para nuestra visita a Lima. Un lujo que te lleven a ver un tema, te esperen, te recojan y te vuelvan a llevar al siguiente punto turístico.
Compartimos comida con él y después nos llevó al museo Larco (Rafael Larco). Gran personaje peruano, que tuvo la suerte o visión de interesarse por las culturas precolombinas, allá por los años sesenta.
Plaza de Lima
Investigador y gran mecenas, a la vez que poseedor de una gran fortuna, fue el antropólogo y arqueólogo, por excelencia, de las diferentes culturas peruanas. Poseedor de una gran casa y de innumerables objetos arqueológicos, unió ambos y creo el museo referido.
Digno de verse. Seguramente será uno de los más completos, en su tema, del Perú.

Nos llamó Pablo para decirnos el motivo de la perdida de gasoil; el tubo de reenvío al depósito, cuando se somete a alta presión por la altura, hace un mal funcionamiento y tira gasoil. El tubo no lleva bridas de cierre pues normalmente no las necesita, solo es ponérselas.
Sobre los rodamientos, en Cusco, debieron ajustarlos; como no lo hicieron la holgura que ha llevado, se ha comido una pieza intermedia y hay que cambiarla. Se la traen de la Toyota esta tarde. Mañana sobre las tres estará el coche. 
¡Recuerdos no muy amigables para la Toyota de Cusco!, incluso habían cobrado tarifa española, que ya es decir.

Final de la tarde, recogiditos en casa, que también se agradece.

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